• Ainhoa E.S.

El día en que los Gigantes pamploneses desfilaron por la Quinta Avenida

Entrada actualizada el 28 de julio de 2019.


O al menos algunos de ellos, dada la segregación racial intensa en los Estados Unidos de los sesenta.


El doce de octubre de 1965, la Comparsa de Gigantes de Pamplona marchó por una ciudad aparentemente a su medida: la ciudad de los rascacielos. Lo monigotes, de 3,9 metros, desfilaron por el corazón de Manhattan, la Fith Avenue o Quinta Avenida, rodeados de edificios que como ellos se caracterizan por su altura. Sin embargo, Nueva York no dio la talla al vetar la presencia de las figuras negras.


Era una época en la que teóricamente había igualdad. Ese año se aplicó la primera ley que permitía el derecho al voto a los afroamericanos, en el centenario del fin de la Guerra de Secesión (1861-1865) y de la entrada en vigor de la Proclamación de Emancipación o abolición de la esclavitud. De hecho, la victoria de la contienda civil fue para el norte del país, para los 'yanquis', que supuestamente estaban a favor de la equidad. Como se ve, la realidad era bien distinta.


El gigante que encarna a un rey europeo bajo la elevada arquitectura neoyorquina.

No había ninguna norma que fomentase algún tipo de apartheid, pero el espíritu confederado era patente en diversos ámbitos. No hay más que reparar la conglomeración afroamericana en barrios como Harlem. No residían ahí simplemente por una cuestión monetaria, sino que respondía a un tema de discriminación. Nadie les vendía viviendas en Chelsea, Upper East Side o Greenwich Village. Ni propietarios ni inmobiliarias.


A pesar de que la exclusión fue más sutil que en el sur, donde diez años antes Rosa Parks se convirtió en un símbolo del movimiento por los derechos civiles, el efecto fue más profundo y complicado de erradicar. No eran ataques directos, sino un desprestigio que se traducía en delimitar la capacidad de desarrollo, el potencial, de estas personas. Se les otorgaba los peores trabajos y se les ponía trabas a la hora de sindicarse, incrementando su pobreza y normalizando la delincuencia en los guetos en los que vivían -aquí hay que hacer una mención al trabajo de la profesora universitaria Jana Leo, que ha investigado acerca de la relación entre arquitectura, barrios marginales como Harlem y criminalidad; lo cual queda reflejado en su libro de 2009 'Violación Nueva York'-, manchando su imagen y empeorando sus condiciones de vida. Era un círculo vicioso. En este contexto, la prohibición de la participación de la pareja de gigantes solo fue otra prueba más del racismo latente.


Gigantes pamplonicas, iconos de diversidad


Resulta paradójico la invitación de efigies que precisamente rinden homenaje a la pluralidad cultural. Es un grupo de ocho muñecos, cuatro dúos, que representan monarcas de distintas etnias: están los soberanos caucásicos o europeos Joshemiguelerico y Joshepamunda; los asiáticos Sidi abd El Mohame y Esther Arata; los africanos Selim-pia Elcalzao y Larancha-la; y los procedentes del continente americano el rey Toko-toko y la reina Braulia.


Los gigantes en su hábitat natural: la festividad San Fermín de Pamplona.

En un primer plano, la pareja negra. Aproveché que hicieron una parada en la zona de las peñas.


Son retratos con vestimentas y tonos de piel diferentes, lo cual posibilita distinguirlos e identificarlos. Aquí es donde aparece la contradicción mayor: las esculturas de tez más oscura son justamente el par americano. Fueron personas non gratas en su propio territorio. Aunque esto no es nuevo, ¿no? Los vecinos de Harlem también eran ciudadanos estadounidenses. Al igual que los nativos americanos que, aun con esa denominación, han sido continuamente expulsados de sus tierras.


Es más, cuatro años después, en 1969, aconteció la llamada Ocupación de Alcatraz perpetrada por las etnias amerindias en señal de protesta por el destierro constante. Cuando se les preguntó por el porqué de la elección de Alcatraz explicaron que en la punta noreste del país se levanta la Isla de la Libertad que guarda la estatua del mismo nombre, símbolo de independencia, de bienvenida de oportunidades, donde todo el mundo puede encontrar una parcela donde labrarse un futuro. Al otro lado, en el extremo suroeste, se encuentra su némesis: la Isla de Alcatraz, que custodia la que durante un tiempo fue considerada la cárcel más segura del mundo. Una prisión, la máxima insignia de la limitación de la autonomía de una persona. Así es como se sentían los aborígenes estadounidenses, cuyo espacio había sido coartado como si hubiesen sido encarcelados.


La ironía del Día de la Hispanidad


"Nosotros, estadounidenses indígenas, reclamamos la tierra llamada isla de Alcatraz, en nombre de todos los nativos estadounidenses, por derecho de descubrimiento", proclamaron representantes de distintas tribus el 20 de noviembre de 1969. "Por derecho de descubrimiento", en clara alusión a los colonos de siglos anteriores, los que dieron inicio al proceso de confinamiento -por no hablar del genocidio e imposición de su cultura, negando la autóctona- y que son homenajeados el doce de octubre, Día de la Hispanidad o Día de los Italianos que, bajo el nombre Columbus Day, es lo que realmente celebran en Estados Unidos al dar por hecho que Cristobal Colón era del país con forma de bota.


Otra denominación de esta fecha ha sido y sigue siendo en algunas naciones es El día de la raza, que conmemora la nueva identidad del 'Nuevo Mundo', creada a partir del mestizaje entre los europeos llegados del viejo continente y los indígenas de Abya Yala -designación de América otorgada por los pueblos originarios antes de la colonización comenzada en 1492-. En España se sustituyó el término 'raza' por el de 'hispanidad', festejando el idioma y cultura común. Aunque hoy sea ésa la realidad, es una designación dada desde un punto de vista paternalista, ya que tiene como base el 'regalo' brindado por la 'madre patria', dejando de lado a la Madre Tierra, la Pachamama, que ya estaba ahí antes. No hay que olvidar que América no fue descubierta. Existía y con civilizaciones milenarias.


Escena de 'Pocahontas' (1995) en la que cantan 'Colores en el viento' que trata el tema de la colonización,

el amor interracial y la naturaleza (o apropiación de tierras). El tema del doblaje a los distintos tipos de español también es otro debate recurrente -véase la polémica de 'Roma' (2018)- y que tiene que ver con que la misma 'hispanidad' es hetereogenea, multicultural, diversa.


Estos últimos años cada vez se hacen más gestos coherentes con una relectura de la historia que admite el abuso perpetrado desde hace seis siglos. Desde suprimir el Día de Colón y retirar una estatua en honor a este navegante en Los Ángeles (California) hasta renombrar la 'fiesta' como el Día de la Resistencia Indígena en Navarra, la misma comunidad autónoma que envió los gigantes de su capital, Pamplona-Iruñea, a que danzasen por la arteria principal de Manhattan.


Desfilaron en el 'Día de la Raza', lo cual hace todavía más satírico el hecho de que las dos figuras negras pamplonicas fueran discriminadas, precisamente en una fecha con esa denominación, por una cuestión racial. La justificación oficial fue el "evitar posibles disturbios". En febrero del sesenta y cinco el activista por los derechos civiles Malcolm X había sido asesinado y esto había desencadenado múltiples reacciones. El ambiente estaba caldeado.


Paz mediante el entendimiento


Podría ser verdad. La visita de los monigotes navarros se debía a la Feria Mundial de 1964, cuyo lema era "Paz mediante el entendimiento". De modo que, tal vez, la intención era la de disfrutar de una exposición internacional de manera pacifica, de regalar a los neoyorquinos la oportunidad de conocer el folklore de otro lugar del globo para que su mente se expandiese, rindiendo honor a la fama abierta y liberal de los 'yanquis' y de forma paulatina, dando prioridad a una convivencia armoniosa.


Seis de los ocho gigantes navarros en fila por la Quinta Avenida de Manattan.

O puede que simplemente fuera parte de un teatro, de la doble moral de una sociedad que mantenía los mismos valores de hace más de un siglo, ésos que llevaron a la muerte a un defensor de la igualdad como Malcolm X y tres años después a el revolucionario Martin Luther King.


Lo que está claro es que no se dejó que Toko-toko y Braulia participasen, acabando con aquella gigantesca posibilidad de dar visibilidad y normalizar la presencia de las personas afroamericanas en el centro de la urbe y de la sociedad.

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