Relájate en 'La Perla' donostiarra, un balneario en la playa

December 5, 2017

Revive la Belle Époque de San Sebastián (Guipúzcoa) en uno de sus edificios más emblemáticos mientras disfrutas de los beneficios del Cantábrico.

 

Visitar la playa de La Concha -considerada la mejor de Europa y sexta del mundo-, y sumergirse en sus aguas sin tiritar de frío es posible en diciembre. No es necesario entrar en el mar, basta con acudir a la casa de baños que a principios del siglo pasado se denominó 'La Perla del Océano'; hoy, La Perla.

 

Se trata de un balneario de talasoterapia -método curativo o de alivio fundamentado en el uso de medios marinos-, construido en 1887. En aquel entonces la alta sociedad europea era asidua a veranear en la zona. De hecho, un joven Balenciaga recibió su primera oportunidad en el mundo de la moda de la mano de la VII Marquesa de Casa Torres, quien tenía su residencia de verano en Guetaria, junto a San Sebastián. También era habitual la presencia de la monarquía española, que unos años después ordenó la creación del Palacio Miramar para utilizarlo como su casa de vacaciones.

 

Masaje con piedras calientes, una de las diversas opciones que ofrece el centro.

 

Así, La Concha adquirió el título de 'Playa Real' y, dado su estatus, se decidió instalar La Perla, entonces de madera roja, sobre ella. La Reina María Cristina fue una de sus visitantes más fieles. Sobre todo a partir de 1912, con la reestructuración del edificio. De hecho, el Hotel María Cristina fue construido ese mismo año en honor a la monarca. 

 

Su edad dorada

 

Fue entonces cuando comenzó su gran momento. La nueva construcción, la que sustituía a la de madera, pretendía ser el centro más adelantado de Europa en tecnología de hidroterapia. Contaba con cabinas, salas de baile, restaurante, cafetería y balcones donde disfrutar de la bahía y fue diseñado por el arquitecto Ramón Cortazar teniendo en cuenta las últimas tendencias estéticas. Medios de la época incluso lo describieron como uno de los balnearios más hermosos del mundo.

 

Portada de la carta del restaurante actual de La Perla con una imagen del edificio en 1912.

 

En diez años, sin embargo, todo cambió. A mediados de la década de los veinte, tras la prohibición del juego en la ciudad, disminuyó la actividad de La Perla hasta que finalmente quedó en desuso. Más tarde, en los 60, se reabrió como sala de fiestas y en 1991 se cerró. Dos años después se reconstruyó, al mando de Joaquín Zubiría, y en 1995 La Perla Centro Talaso Sport abrió como casa de baños, gimnasio y restaurante.

 

En la actualidad: piscinas saladas con vistas al mar

 

Lo cierto es que si bien su situación hace que disponga de unas vistas privilegiadas al océano -cuenta con tumbonas que emiten calor frente a cristaleras que dan a la playa y con un jacuzzi junto a ellas-, además de acceso directo a la playa -muchos de sus clientes combinan los baños marinos del balneario con los del Cantábrico-, esto también ha provocado que el edificio se haya visto de vez en cuando dañado por el oleaje.

 

El restaurante de La Perla, que se encuentra en otro edificio conjunto.

Me encuentro sentada en una mesa con vistas al mar.

 

Es más, ha sido necesario renovar el lugar en varias ocasiones y desde 2008, tras una total rehabilitación, es considerado uno de los mejores balnearios urbanos de este tipo de terapias. La oferta es variada y, como antaño, cuenta también con restaurante.

 

Cómo cerrar un día perfecto

 

Como bien es sabido, la cocina vasca destaca por su calidad. No es casualidad que sea la comunidad autónoma que dispone de más estrellas michelín, tampoco que los ganadores del MasterChef obtengan como premio estudiar en el prestigioso Basque Culinary Center que se encuentra Donostia; y, por si fuera poco, esta misma semana San Sebastián se ha hecho con el título de Mejor destino gastronómico del Mundo. De manera que una parada en el comedor de La Perla tras la terapia, puede cerrar con broche de oro el día.

 

Vistas a la playa desde las cristaleras de la cafetería La Concha, junto al restaurante de La Perla.

 

Otra posible opción que también permite conocer la cultura gastronómica, y la historia de la capital guipuzcoana, es ir de pintxos (rebanadas de pan sobre las que se colocan pequeñas porciones de comida, muy típico)potes (normalmente vino, mosto o cerveza servido en vasos pequeños) de bar en bar por el casco antiguoDespués, si todavía queda tiempo, recomiendo visitar el acuario o darse una vuelta por el paseo marítimo, el mismo de donde se accede a La Perla, pasando por la obra de Oteiza -donde también se encuentra su retrato realizado por el artista callejero Balu_Art- hasta llegar al icónico Peine del Vientos de Txillida.

 

 

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