Persiguiendo a Gatsby en NY

June 5, 2019

Descubre, en la ciudad de los rascacielos, los rincones de esta gran historia literaria también adaptada a la gran pantalla.

 

Un momento, ¿quién es Gatsby? Un espía de los alemanes durante la Primera Guerra Mundial, un asesino, pariente del Káiser, primo segundo del diablo... hay muchos rumores. Lo que está claro es que es un personaje de ficción cuya identidad se desvela a medida que avanza su historia, recogida en 'El gran Gatsby', un clásico de la literatura americana, escrito por F. Scott Fitzgerald en la tercera década del siglo XX, y ambientado 1922 en la llamada Capital del Mundo: Nueva York. Esto es evidente en los excesos de alcohol -a pesar de la famosa y prohibitiva Ley Seca-, fiestas grandilocuentes, prosperidad económica y apogeo general descrito en la novela y propio de esos años, conocidos como 'los felices 20' o los Locos Veinte, que terminaron con la caída de la bolsa en el Jueves Negro y el posterior Crack del 29 que dio inicio al periodo denominado La Gran Depresión. Las películas que han adaptado la narración también han sido fieles en plasmar mediante imágenes la atmósfera festiva, dejando en el imaginario colectivo una fotografía idealizada, aún más si cabe, de La ciudad que nunca duerme. Pero, ¿son reales esos escenarios mostrados y lugares descritos? Algunos sí, o parcialmente, como los distintos perfiles de Gatsby. Por ejemplo, los siguientes.

 

Queensboro Bridge

 

"La ciudad vista desde el puente de Queensboro siempre es la ciudad vista por primera vez; virgen en su promesa de todo el misterio y toda la belleza del mundo", decía Nick Carraway, narrador y uno de los protagonistas del relato. Esa frase me tocó muy hondo, porque es verdad.

 

Ése es mi primer recuerdo de Nueva York; esa imagen y esa sensación: iba en un taxi desde el aeropuerto JFK hacia Manhattan sin saber lo que me esperaría durante el año casi y medio en que residí allí. Sin billete de vuelta, iba sentada de madrugada, cansada después de un día entero de viaje persiguiendo al sol -volé desde el amanecer barcelonés, con parada en Oslo, de Este a Oeste, siguiendo el recorrido de la luz solar-, en el asiento de atrás mientras miraba por la ventana las luces de los rascacielos. Al principio como una barrera, desde Queens, y después entre ellos. Fue un cúmulo de sensaciones: asombro, admiración, miedo -incluso arrepentimiento de verme sola ante esa inmensidad; sin exagerar, sentí terror-, nervios... era un lugar desconocido y precioso en el que inevitablemente me adentraba.

 

La mención y descripción en la escritura de F. S. Fitzgerald de Queensboro Bridge es real.

 

Este recuerdo lo he mantenido siempre muy vivo -tal y como se dice en el relato: "Así que seguimos avanzando, como barcos contra la corriente, contra la actualidad, llevados incesantemente al pasado"-, fue una experiencia muy intensa, e incluso he escrito sobre ello en mi intimidad. De manera que el encuentro con esa frase de Carraway, o del Fitzgerald mejor dicho, me emocionó. Me sentí acompañada en contraste con la sensación de soledad en ese taxi. Al parecer no fui, ni soy, la única con esa vivencia. El autor describió una realidad, tal y como yo misma la viví. Ya lo decía Hemingway: "Todo lo que tienes que hacer es escribir una frase verdadera, escribe la frase más verdadera que conozcas", y puede que ahí esté la grandeza de la literatura, en hablar de lo que el lector puede reconocer -o descubrir, si todavía no lo ha experimentado en su vida-. A pesar de que 'El Gran Gatsby' es una historia de ficción, posiblemente sean esas ideas las que lo han encumbrado. En este caso concreto, la descripción de un lugar existente y de los sentimientos que evoca.

 

Skyline o las luces de la ciudad

 

La alusión a la ciudad vista por primera vez hace referencia a la figura o retrato de ella que se logra desde el puente, cuando lo que se ve de ella es una línea de edificios sobre el East River -río del este- conocida como skyline. En el libro se menciona un par de veces, la primera vez Fitzgerald (1922, p. 52) habla de ello así:

 

Sobre el gran puente [Queensboro], con la luz del sol a través de las vigas haciendo un parpadeo constante sobre los automóviles en movimiento, con la ciudad elevándose a través del río en montones blancos y terrones de azúcar todo construido con un deseo de dinero no olfativo (...) con los guardabarros extendidos como alas, dispersamos la luz a través de la mitad de Astoria.

 

Describe los luminosos rascacielos de Manhattan vistos desde Long Island, ni más ni menos que desde Astoria (Queens), antes de llegar al puente antes mencionado. Es un barrio real. De hecho, dos de mis amigos vivían allí, donde pasé largas horas comiendo, cenando, festejando o, simplemente, de visita.

 

Imagen del skyline de Manhattan desde una tumbona en Long Island City (Queens).

La fotografía la realicé en mi segundo mes en la ciudad.

 

La segunda referencia, por otro lado, cambia el punto de vista, ya que los edificios quedan a sus espaldas: "Eran las siete en punto cuando nos metimos en el coupé con él [Tom Buchanan] y partimos para Long Island (...) la simpatía humana tiene sus límites y nos contentamos con dejar que todos sus trágicos argumentos se desvaneciesen con las luces de la ciudad detrás". Es decir, conducen desde Manhattan.

 

Lo cierto es que, tal y como se ha explicado en el apartado de Queensboro Bridge, la luminiscencia de Nueva York es impresionante -y tangible-. La contaminación lumínica no deja ver las estrellas, pero en su lugar está el propio brillo de la urbe. Aquí hay que hacer una distinción y destacar la película de Baz Luhrmann en su adaptación de 2013 con DiCaprio como uno de los protagonistas.

 

Sin quitar mérito al filme de 1974, con una ambientación muy cuidada, por no hablar de un elegantísimo Robert Redford y una guapísima Mía Farrow, la fotografía de la cinta del australiano es la culpable de que en estos momentos esté escribiendo esta entrada. La reproducción de los paisajes, la geografía, el alumbrado de la Gran Manzana... es alucinante. Me llevó a buscar la localización del rodaje y, en consecuencia, redactar estas líneas.

 

El brillo de La Gran Manzana desde las alturas. Esta fotografía la realicé desde una azotea de midtown.

 

Era de esperar. Siempre he admirado el trabajo de este cineasta. Aunque parezca mentira, porque entonces contaba con alrededor de cinco años, Romeo + Juliet (1996) fue una de las primeras cintas que vi y todo el conjunto del metraje -la BSO, los escenarios, la historia...- está muy incrustado en mi memoria. Luego vino, ya más mayor, Moulin Rouge! (2001), con su París bohemia o, mejor dicho, Montmatre y ornamentación hindú; Australia (2008), con escenas western en parajes y atardeceres sobrecogedores; The Get Down (2016), de la cual me quedo con el interesante periodo histórico -el nacimiento del hip-hop en el Sur del Bronx y el fuerte movimiento artístico urbano en la ciudad, especialmente el street-art en los vagones de metro-; el re-descubrimiento de Romeo + Juliet -con sus referencias clásicas shakesperianas pero también modernas con conjuntos de Prada en la alternativa y psicodélica Venice Beach-; y, finalmente, El gran Gatsby (2013), de la que disfruté hace unas semanas y no me dejó indiferente, principalmente por las vistas nocturnas de NYC, junto con las bahías, la representación vintage urbe y el entorno de los Locos Veinte que a continuación se tratarán.


El destello verde

 

En la trama existe otro centelleo, de vital importancia y color esmeralda, proveniente del faro situado en el embarcadero de la mansión de Tom y Daisy Buchanan. Gatsby lo observa desde su casa, ubicada en la orilla de en frente, y parece ser que es el único que repara en él. 

 

Esta luz verde es ficticia. No existe ese lucero. Sin embargo, al igual que el protagonista divisa el resplandor verde sobre el agua, hay un fenómeno atmosférico real del mismo color denominado Rayo Verde o Destello Verde, y es igual o casi tan romántico como el de la novela.

 

Serie de fotografías que muestran El Rayo Verde. Imagen de Brocken Inaglory.

 

Julio Verne escribió sobre él en Le Rayon vert (1882), cuyo argumento trata acerca de la difícil búsqueda esta manifestación óptica, puesto que únicamente puede verse bajo ciertas condiciones en el momento en el que el sol desaparece del horizonte del mar, lo cual es verdad -se aprecia con más facilidad en días claros, cuando el disco solar se oculta en una superficie muy llana, como el mar, unos diez minutos antes de la puesta de sol; aunque también puede suceder con las primeras luces del amanecer-. En la historia se cuenta una leyenda que narra que si dos personas perciben el rayo verde al mismo tiempo quedan automáticamente enamoradas la una de la otra.

 

Tal vez eso explique la suerte que corre Gatsby. Sin olvidar que en ambos casos esta luz es la representación de lo que el mismo color esmeralda simboliza: la esperanza -de encontrar el destello en el caso de Verne y de alcanzar lo que se encuentra al otro lado de la bahía en el de Gatsby-. 

 

Penínsulas West Egg e East Egg (Long Island)

 

El faro verde de la narración es parte de la residencia de los Buchanan situada en la península East Egg -zona en la que viven los herederos de viejas fortunas-, justo en frente del palacio del protagonista en la península West Egg -área en la orilla de enfrente, que está poblada por nuevos ricos-. Ambas se encuentran en Long Island, dentro del estado neoyorquino pero fuera de la ciudad.

 

Estos dos lugares existen, aunque no con esos nombres. El escritor se inspiró en las veladas reales a las que él asistió en mansiones de la costa norte de Long Island, también conocida como Costa de Oro. Concretamente, en Great Neck y Kings Point para la región en la que se localiza la residencia de Gatsby y la humilde morada de Carraway; y Port Washington y Sands Point para el lugar donde convive el matrimonio Buchanan. Al igual que en el libro, los dos sitios pertenecen a penínsulas, se dividen por la bahía Manhasset y ambos márgenes están reservados para gente adinerada

 

Mapa que muestra la localización de Great Neck junto a Kings Point -East Egg en la novela-

separados de Port Washington y Sands Point -West Egg en la ficción- por la bahía Manhasset.

 

La arquitectura y localizaciones espectaculares mostradas en la película de 2013, de hecho, están inspiradas en residencias verdaderas de esas dos ubicaciones, aunque únicamente inspiradas, porque el set de rodaje se situó en Australia y se trabajó con decorados, chromas y otros efectos. El palacio del personaje de DiCaprio, por ejemplo, se encuentra en Kings Point y es una mansión de estilo colonial, erigida en 1928, con vistas a NYC. En cuanto a la propiedad de East Egg, está basada en los Old Westbury Gardens, una vivienda de 1906 hoy reconvertida en museo -abierto a visitas, exhibiciones y eventos- localizada a diez millas de Sands Point. Perteneció a John Shaffer Phipps -al que casualmente sus amigos llamaban 'Jay'-, heredero de la fortuna U.S. Steel, que intentando atraer a su novia británica Margarita, le prometió a ésta construirle un hogar en semejanza a su propia casa familiar de Battle Abbey. La directora artística y compañera sentimental del Luhrmann, Chatherine Martin, añadió al inmueble un estilo formal para contrastar el carácter clásico los herederos de antiguas fortunas con la forma de ser más fantasiosa de los nuevos acaudalados.

 

La elección de los nombres de East Egg y West Egg puede que tenga que ver con East Hampton y West Hampton, dos zonas de Long Island, llamadas en conjunto 'Los Hamptons', donde los acaudalados construyen sus viviendas y en las que se da la misma distinción de nuevos y antiguos ricos. Además, en esa época, en los años veinte, el desayuno favorito de los estadounidenses era el jamón -en inglés ham- y los huevos -en inglés egg, eggs en plural-, y posiblemente el autor pretendía dar un toque humorístico creando una conexión entre los verdaderos East y West Ham-ptons y los ficticios East y West Egg.

 

Vídeo que muestra los la construcción de estos espacios en la película de 2013. En lo que respecta a la cabaña de Nick,

se compuso en su totalidad por ordenador.

 

Quien tenga interés cuenta con la posibilidad de visitar estos puntos de la geografía gatsbyesca con un tour en barco de noventa minutos, que navega por Manhasset Bay y Long Island Sound -aquí más información-. Parece ser que Luhrmann y Martin realizaron la excursión en 2008 investigando para el filme. Esta visita guiada se ofrece una vez al mes. Para quien no coincida con las fechas, puede pasear hasta la casa de los Fitzgerald, los cuales residieron de 1922 a 1924 en el número seis de Gateway Drive, hoy una vivienda privada en Great Neck, donde el creador gestó su obra maestra mientras acudían a las fiestas de "esa esbelta isla desenfrenada", como describió en la novela, en las que se basó. El NYTimes explica que hoy quedan pocas de esas mansiones, pero hay dos a las que el visitante puede pasar, que son propiedad de los Guggenheim: la llamada Falaise, abierta al público; y Hempstead House, vacía y dispuesta a que turistas y equipos de cine la fotografíen y graben.

 

El valle de las cenizas (Valley of Ashes)

 

Mientras West e East Egg acogen a la comunidad acomodada, a medio camino entre estas dos penínsulas y La Gran Manzana hay una zona empobrecida llamada El valle de las cenizas. Se atraviesa para ir de un lado a otro a través del ferrocarril o en coche por carretera. El libro narra que se encuentra sobre tierra gris y que abunda un polvo sombrío. Es un vertedero lleno de contaminación, el lado oscuro de la isla frente a esa fachada repleta de festejos, ruido y fortuna. Es una decadencia oculta por la ciudad de los rascacielos y los 'huevos'.

 

En esta zona hay una cartelera con el dibujo de un par de ojos descoloridos que parecen vigilar a todos. Es una representación de Dios, que observa al mundo en su camino hacia la inmoralidad con sus excesos. En la historia, Wilson le dice a Myrtle: "Podrás engañarme a mí, pero no a Dios, Dios lo ve todo", al mismo tiempo que mira el panel. 

 

Según cuenta el novelista, esas retinas forman parte de un anuncio puesto por un oculista que tenía la intención de "engordar su negocio en Queens", lo que confirmaría que el Valley of Ashes pertenece a NYC, puesto que sitúa esos ojos siempre abiertos, siempre vigilantes, en uno de los boroughs de La ciudad que nunca duerme; precisamente, en Flushing.

 

Lo que hoy es el Parque Flushing Meadows-Corona, en la época de Fitzgerald era Corona Ash Dump,

lugar en que se basó para su Valley of Ashes. Fotografía de Guy Percival.

 

Sobre su autenticidad, una vez más, la designación del lugar es fruto de la imaginación del autor, pero encontró la inspiración en la realidad. A finales del siglo XIX, Great Neck era el final de la línea ferroviaria New York and Flushing Railroad, lo cual modificó el entorno pasando de ser una aldea agrícola a una urbe de cercanías. Además, los hornos de combustión de carbón que abastecía el transporte de toda NY producían una gran cantidad de ceniza que tenía que ir a algún sitio, y un basurero se colocó en Corona, Queens, llamado Corona Ash Dump y apodado Mount Corona -he aquí una imagen-. Recibía montones a diario, creando montañas de ceniza a lo largo del río Flushing. De ahí que el escritor lo usase como símbolo de la devastación de la sociedad industrial y el desperdicio ocasionado por los ricos: “Este es el Valle de las cenizas, una granja fantástica donde las cenizas crecen como el trigo y se convierten en cordilleras, colinas y jardines grotescos". A finales de los años 30, la zona se limpió para construir lo que hoy es el Parque Flushing Meadows-Corona y acoger la Feria Mundial de 1939. 

 

El apartamento de Nueva York

 

En uno de esos trenes que atravesaban la región polvorienta, Tom Buchanan y Nick Carraway viajan cuando el ferrocarril se detiene en Valle de las cenizas. Ambos bajan del vagón e interactúan con Myrtle Wilson, amante de Buchanan, acordando verse en el apartamento de Nueva York: "Nos dirigimos a la Quinta Avenida (...) continuamos, pasando otra vez por el parque, hacia los lados de la calle 100 Oeste. En la calle 158 el taxi se detuvo frente a una de las tajadas de una larga y blanca torta de apartamentos (...) el apartamento estaba en el piso superior". En otras palabras, se dirigen a un piso situado en Washington Heights -el barrio en el que se encuentra el conocido puente George Washington del que hablé en esta entrada-.

 

Nick Carraway y Tom Buchanan en el apartamento neoyorquino de la película de 2013.

 

De ahí en adelante, Carraway se centra en el interior de la estancia: "La salita estaba atiborrada hasta las puertas por un juego de muebles capitoneados demasiado grandes para el lugar, de modo que moverse en ella significaba tropezar a cada momento con escenas de damas meciéndose en los jardines de Versalles". Es un comentario sobre el nivel socio-económico de Myrtle y sus gustos de decoración. La descripción del apartamento enseña la gran división de clases. Tom Buchanan es adinerado, pero no escatima en gastos con su amante. Ella trata de imitar a los ricos y no sólo no lo consigue, sino que su pretenciosidad se hace evidente. Es una estancia exagerada, teatral, una copia barata. En la versión de Luhrmann, los tonos rojos, el exceso de ornamentación -no hay ni una esquina libre- y ese punto hortera, kitsch y vintage me recordaron al estilo ostentoso y burlesque del submundo de Moulin Rouge!, solo que en Manhattan.

 

Los distintos orígenes también se palpan en el estilo de Gatz, como cuando lleva un traje rosa. Es un conjunto elegante, ya que Gatsby es millonario y viste de punta en blanco. De hecho, le preocupa mucho su imagen y encajar en ese ambiente distinguido. Pero no forma parte de la élite clásica, es un 'nuevo rico', por lo que su 'look' es rompedor a la par que refinado. El mismo Buchanan se burla del protagonista: "¡Oxford! -exclamó, incrédulo-. ¡Qué estupidez! ¡Y lleva un traje rosa!". A pesar de que evidentemente Jay es acaudalado, a Tom le llama la atención su indumentaria, porque se aleja de lo convencional, no es habitual ver ropajes así en su entorno tradicional en el que la fortuna se hereda, no se crea, y lo utiliza como 'prueba' demostrar que es un impostor. No se fía de él. Como se ve, Fitzgerald alude a estas ideas durante toda la historia: primero de forma expresa al distinguir entre los residentes de West Egg e East Egg y más tarde de manera indirecta en otros detalles, como con una prenda rosada cargada de simbolismo.

 

Times Square

 

A pesar de que en el relato no aparece Times Square, Baz Luhrmann añadió este punto tan emblemático de la ciudad y lo hizo tan exquisítamente -en un sentido estético, que no tiene por qué ser fiel a la realidad-, que merece la pena echarle un vistazo: presentó una versión vintage, preciosa, tan luminosa como el espíritu de la década.

 

Al fin y al cabo es una adaptación, lo cual quiere decir que es una re-interpretación de la obra desde el punto de vista de otro creador y para otro medio -por tanto amoldado a las características de esta otra plataforma, el cine-. Es una nueva creación. Cabe permitirse la libertad de añadir o modificar elementos que permitan contar una historia basada -inspirada, que bebe de ella, pero no tiene por qué emular al dedillo, he ahí la aportación del creativo- en el trabajo del autor.

 

Tuit de la cuenta oficial de Times Square que muestra la visión del lugar

que Luhrmann mostró en la cinta de 2013.

 

Desde esa independencia, el australiano compartió en el metraje su visión de Times Square ideal para esta narración. De manera que aunque el espectador pueda pensar que al en la película está viendo la versión real de la Gran Vía Blanca en los años veinte, no es así. Está inspirada en ella, con componentes acorde a la realidad, pero también está cargada de referencias que rinden homenaje a la novela y a su tiempo, que no tendrían por qué estar, pero que no hacen más que aumentar su sentido poético.

 

Para empezar, a la izquierda, en la azotea de un edificio y bajo unas banderas estadounidenses, se puede leer 'Hotel Sayre', una pensión inexistente. Sayre era el apellido de Zelda Fitzgerald, esposa del autor y, sobre todo, una mujer de lo más interesante -recomiendo la serie 'Z: The Beginning of Everything' (2016), basada en el libro Z: A Novel of Zelda Fitzgerald de Therese Anne Fowler-, de modo que es un homenaje a la que también fue escritora. De hecho, el prosista utilizó frases reales de su mujer en sus obras, como cuando Daysi dice que espera que su hija sea una "pequeña y bonita tonta", que fue una  línea que originalmente la Sra. Fitzgerald dedicó a su hija Frances Scott Fitzgerald. También tomó fragmentos textuales de su diario personal para 'A este lado del paraíso', antecesora de 'El Gran Gatsby'. Volviendo a la película, en la BSO del filme incluso hay una canción con el mismo título, 'Hotel Sayre', que a su vez es una adaptación de Young and Beautiful (Lana del Rey) también de la banda sonora. 

 

Times Square en 1923. Fotografía del libro New York, Then and Now de Annette Whiteridge. 

 

Siguiendo con la escena del director, al lado del hotel, aparece un teatro con una cartelera en la que se anuncia 'Blood and Sand' de Rodolfo Valentino y 'Douglas Fairbanks in Robin Hood', películas de 1922 y realizando así un guiño cinéfilo. Después hay un mar de coches con algún que otro taxi amarillo, signo inconfundible de la ciudad, que enseñan el nombre de la empresa que en ese tiempo los gestionaba: Yellow Cab Company. Los coches llegan hasta la Times Tower en el centro, edificio que aún se conserva y que es la máxima insignia de la plaza. Como ahora, la construcción está adornada con publicidad: se muestra un anuncio de Sonora, empresa de fonógrafos que en aquel entonces tenía su espacio publicitario en el mismo lugar; y, más arriba, se observa un cartel de Arrow Collars, compañía de cuello de camisa desmontable, primera empresa estadounidense en tener un modelo masculino -es más, el 'Arrow Collar Man' es el tipo de persona elegante que puebla el mundo gatsbyesco; en el filme de 2013 Daisy compara a James Gatz con esa figura- y que también se mostraba en Times Square. Por último, junto a la torre publicitaria, se puede divisar el Capitol Theatre, sala real cuya ubicación era idéntica.

 

Distrito financiero

 

Otro enclave mostrado en la obra del director, pero del que no hay ni rastro en las palabras del prosista, es el distrito financiero. Carraway se dedica a vender bonos de acciones en ambas versiones, pero es en el filme más reciente donde explícitamente se nombra y aparece Wall Street, lugar en el que Nick aparentemente trabaja. La voz del personaje lo cuenta así: "En el verano de 1922 el tempo de la ciudad rozaba la histeria. Las acciones alcanzaron picos record y Wall St. floreció con un frenesí dorado. Las fiestas eran más sonadas, los espectáculos más descarados, los edificios más altos, la moralidad más libertina y el alcohol, tras su contraproducente prohibición, más barato. Wall St. era un señuelo para los jóvenes y ambiciosos y yo era uno de ellos". </