• Ainhoa E.S.

50 años de Woodstock, el colofón de la era hippie

Antes de desaparecer, el espíritu de toda una generación partícipe en un movimiento contracultural, pacifico y libertario se vio reflejado en un encuentro masivo en una granja neoyorquina.


Fue el 15 de agosto de 1969, casi a modo de despedida de los sesenta y de la época hippie, que en el último estío de la década experimentó el verdadero 'verano del amor'. Siguiendo el legado del Summer Love, celebrado dos años antes en San Francisco -a ritmo de Scott Mckenzie: 'If you're going to San Francisco, be sure to wear some flowers in your hair'- y bautizado así porque en 1967 aconteció el esplendor de este modo de vivir alternativo, se organizó un festival de música en una parcela campestre de Bethel (Nueva York) acondicionada para acoger hasta la madrugada del 18 de agosto a 60.000 asistentes. Aparecieron 500.000 y se cree que 250.000 más no pudieron llegar. Es la historia del Woodstock Music & Art Fair, que sirvió de exponente de esa realidad bohemia masificada antes de su vuelta a la condición underground en que se originó.


Es paradójico, porque la filosofía 'flower power' nació como una reacción a la cultura predominante por parte de grupos sociales al margen de lo establecido, pero logró influir en las masas de tal manera que se convirtió en la marca de una generación, en algo mainstream, es decir, en una corriente mayoritaria. Es casi imposible pensar en la década de los sesenta sin asociarlo a este movimiento. Su mismo nombre, la palabra hippie, refiere a 'popular'. Proviene del vocablo inglés 'hip', que en el slang vendría a significar 'de moda'; también 'consciente' en el sentido de estar en conocimiento de las últimas tendencias, pero manteniendo una actitud en oposición a lo convencional, al mundo 'no libre', cuadrado o mojigato.


Estética hippie en adolescentes de un instituto del sur de California en 1969, época

en la que el movimiento había alcanzado un caracter mainstream.

De ahí viene, de igual manera, 'hipster' que vendría a ser 'la que o el que quiere ser hip/moderno'. Sobre esto, en los años cuarenta, los músicos de jazz llamaban 'hip' a cualquier enterado de la emergente subcultura afroamericana, que incluía saber acerca de este género musical. En esa misma jerga, los componentes de este grupo eran 'hepcats', designación reemplazada más adelante por 'hipster'. En cuanto al término hippie, lo acuñó el periodista Michael Fallon al utilizarlo el seis de septiembre de 1965 para referirse a los nuevos beatniks -palabra, de igual modo, creada por un redactor, Herb Caen, en 1954 con el objetivo de parodiar a la Generación beat- en el artículo 'A New Haven for Beatniks' (Un nuevo refugio para beatniks) para periódico The San Francisco Examiner.


Woodstock, tres días de paz y amor


No obstante, hubo quien se adelantó a Fallon. Los integrantes del grupo inglés 'The High Numbers' incluyeron la palabra 'hippiest' en la primera línea de la canción de 1964 'Zoot Suit' -este título hace referencia a un estilo de vestir popular en los cuarenta, probablemente procedente de los 'drapes' de la escena jazz del Harlem de los años treinta; en lo que respecta a la etimología, semánticamente parece que vendría de 'suave' y se relaciona con que el traje o la prenda se adapta y es cómoda-. Los miembros de este conjunto musical estaban en plena transición del movimiento mod, de origen londinense y derivado del término modernist (modernista), al hippie. De hecho, ya con el nombre 'The Who', tocaron en el segundo día del festival de Woodstock, que cinco décadas después continúa en la mente de todo el mundo como uno de los grandes símbolos jipis de la cultura pop.


Cartel original del Festival de música y arte de Woodstock (1969).


El culpable en gran medida de que se haya mantenido en el recuerdo fue el primer reportero gráfico de la revista Rolling Stone, Baron Wolman, pero no el único. Varios fotógrafos documentaron el evento engrosando un archivo en gran parte enriquecido por el documental rodado esos tres días y ganador de un Óscar Woodstock: 3 days of peace & music (1970), dirigido por Michael Wadleigh y editado por Scorsese y Thelma Schoonmaker, entre otros. Al igual que el festejo, el filme marcó un hito: fue calificado por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos como una cinta "culturalmente significativa" y se conserva en el National Film Registry.


Todos estos formatos audiovisuales, además de la banda sonora Woodstock: Music from the Original Soundtrack and More, registraron a los artistas -el cartel estaba formado por los mejores músicos del momento, como Joan Baez que estaba embarazada, Santana o Janis Joplin y Jimi Hendrix, ambos fallecidos un año después pasando a integrar el famoso 'Club de los 27'; otras grandes figuras, entre los cuales se encuentran Bob Dylan, The Beatles, The Doors y Led Zeppelin, rechazaron la invitación- y a lo que fue más interesante: al público, el fiel reflejo de que el estilo de vida hippie había arraigado. Sobre el campo, incluso embarrado, de la granja de Bethel, había jóvenes ataviados con ropajes de diseños coloridos tie-dye (literalmente 'atar-teñir', ya que es el método con el que se consigue esa decoración de espirales caleidoscópios) o inspirados en la cultura nativa americana, amuletos de distintos símbolos como el de la paz y con bandas o coronas florales sobre melenas largas que descubrían rostros en pleno éxtasis.


Galería de imágenes tomadas en el Festival de Woodstock que representan el modo de vivir hippie.

Esta manera de vivir se basa principalmente en el bienestar social e individual: se muestran a favor de la paz -manifestándose en oposición a la guerra, como hicieron Lennon y Yoko Ono, específicamente contra la de Vietnam-, el cuidado del planeta y el respeto a todos los seres vivos, lo cual además de animales incluye tener una mente abierta respecto a personas de cualquier procedencia y color de piel -de ahí la elección de prendas de confección indígena-; valoran mucho el amarse unos a otros así como la libertad personal siempre que sea pacifica, por eso se sienten cómodos mostrando carne -se respetan entre sí y es algo natural- y practicando el amor libre "sin la esclavitud que supone el matrimonio".


Como en todo, hay excepciones. Es el caso de parejas que desde el festival han permanecido juntos, he aquí un ejemplo y aquí otro. No hay que olvidar que uno de los grandes principios de los hippies es la libertad siempre que no se moleste al de al lado. Si como persona libre alguien decide ser monógamo no es menos jipi por ello. Tampoco todos los asistentes al festival eran partícipes de esta contracultura al cien por cien personificando todas y cada una de las ideas que caracterizan a esta filosofía. Las personas no somos simples estereotipos, somos seres mucho más ricos que eso, por lo que tanto en lo que respecta a los miembros de este movimiento como a los de cualquier otra tribu urbana, no se tiene por qué encontrar un punk puro, un yuppie puro... somos el resultado de todo lo que hemos visto, escuchado, aprendido, en definitiva, vivido; y cada experiencia vital es única.


Psicodelia musical y sensorial

Lo que sí se podría decir que todos los hippies tienen en común es lo que sostiene su valores: el sentirse bien. Aquí es donde entran elementos como la meditación o las drogas psicodélicas, que además de otorgar en algunas ocasiones buenas sensaciones creen que les permite estar más en contacto con el universo -la palabra psicodelia es un neologismo que viene de la unión de los vocablos griegos 'alma' y 'manifestar', significando en conjunto 'que manifiesta el alma''-; y las artes, que los deleitan, como lo artesanal -y los lugares donde pueden encontrar este tipo de objetos: los mercadillos, acorde también a su rechazo al consumismo, puesto que abogan más bien por la simplicidad de una vida minimalista sostenible- y la música -sobre todo el rock psicodélico, el groove y el folk contestatario-.


Algunos de los músicos junto con carteles reivindicativos y señas del espíritu libertino.

En Woodstock los hippies encontraron un santuario en el que dar rienda suelta a todos estos principios. En el escenario, el último intérprete de las treinta y dos actuaciones, Jimi Hendrix, tocó el himno estadounidense únicamente con una guitarra eléctrica en señal de protesta a los comportamientos bélicos por parte del gobierno; mientras tanto, y durante los tres días, las pancartas por un mundo pacifico y ecológico y contra la sociedad americana del momento eran habituales; el ambiente de comunidad también era palpable, ya que las drogas, entre las que destacaban el LSD y la marihuana, se compartían de balde; y el amor se expandía de manera masiva traduciéndose en sexo.


Comunión melódica


Todo sobre un barrizal, debido a la lluvia, que no hizo cesar las 'buenas vibraciones' de un público entregado. Lo que sí hay que decir es que tanto por el barro como por la masificación del evento las condiciones sanitarias no fueron las esperadas. El número de asistentes tampoco fue el previsto: la organización calculó la aparición de unas 60.000 personas frente a los 6.000 que vaticinó la policía de Nueva York y Woodstock finalmente congregó a 400.500. Ése es el dato oficial, pero se cree que en realidad fueron unos 500.000, puesto que mucha gente se coló.


El miércoles 13 de agosto, setenta y dos horas antes de la inauguración, unos 60.000 fans ya habían llegado y acamparon. El 15 de agosto, la ruta diecisiete del estado neoyorquino se vio atestada de coches formando un atasco de tráfico importante. Se estima que dieciocho mil personas con entrada, la cual costaba ocho dólares la jornada y dieciocho las tres, nunca pudieron llegar. Debido a aquella obstrucción, los performancers tuvieron que desplazarse en helicóptero.


Tuit de la revista Rolling Stone que muestra la imagen de dos jóvenes entreteniéndose

mientras esperan a que el atasco se disuelva y logren llegar al festival de 1969.

Fotografía de Baron Wolman, el primer reportero gráfico del medio.

Al mismo tiempo, ese mismo día, el grupo anarquista UAW/MF (Up Against the Wall Motherfuckers, es decir, 'En contra del muro hijos de p***') derribó las rejas del recinto transformando el festejo en un festival gratuito. Para el sábado, 16 de agosto, comparecieron más de cuatrocientos mil espectadores y con ellos arribó la borrasca que convirtió el recinto en un mar de lodo. En ese contexto, un helicóptero apareció y lanzó flores junto con ropa seca.


Sucedieron tres muertes: la primera, por sobredosis de heroína; otra a consecuencia de una rotura de apéndice; y por último una tercera a causa de un accidente con una máquina vial que aplastó a quien se durmió bajo ella. Se dice que también hubo un parto, aunque ha permanecido como una leyenda urbana. Lo que sí se sabe es que la enfermería estuvo dividida en tres secciones: por un lado, una encargada de asistir a quienes se habían cortado con algún objeto escondido por el barro; por otro, otra responsable de atender 'malos viajes', que en el caso de los provocados por el LSD fueron unos cuatrocientos -además ciento treinta y tres personas fueron arrestadas con una fianza de 20.000 dólares por posesión de este tipo de sustancias-; y finalmente otra dedicada a quienes se habían quemado las retinas por mirar directamente al sol. La aglomeración también incidió en la falta de comida, razón por la cual se instalaron comedores en los que se repartían platos con alimento gratis.


Gestando el primer macrofestival


Medio millón de personas, y alrededor de 450 vacas sueltas, en un solar de 240 hectáreas propiedad del granjero Max Yasgur, en Bethel (condado de Sullivan, NY), un espacio ahora considerado histórico. En un principio, se programó para festejarse en Wallkill (condado de Orange, NY). A los habitantes, sin embargo, no les gustó la idea, así que los organizadores pensaron en Saugerties, Nueva York, donde obtuvieron la misma reacción. Entre tanto, el autor Elliot Tiber negoció con Yasgur, entonces de 49 años y con problemas coronarios, acoger la serie de conciertos en sus terrenos a 64 km al suroeste de la localidad de Woodstock. Según declaró el propietario más adelante al New York Times el 17 de agosto de 1969, a pesar de que no esperaba que el festejo durase tanto, "si la distancia generacional se tiene que cerrar, nosotros los viejos tenemos que hacer más de lo que hemos hecho".

Tweet de la cuenta oficial de Woodstock en la que se muestra la granja de Max Yasgur,

donde se celebró el festival. Hoy hay un cartel y un monumento que recuerda el evento y.


Los responsables y mentes creativas del festival fueron jóvenes visionarios, aunque que no imaginaban el alcance que lograría. La media de edad de todos ellos era de 24,5 años y el gérmen fue un anuncio en prensa de John Roberts y Joel Rosenman en el que buscaban financiar "oportunidades interesantes de negocio e inversión legítima". Respondieron Artie Korfeld, el subdirector más joven de la casa de discos Columbia, y Michael Lang. Los cuatro se reunieron y de ahí salió la idea de formar Woodstock Ventures Inc. con el objetivo de preparar este evento y teniendo en cuenta que cabía la posibilidad de que acarrearía pérdidas.


A pesar del discurso ecologista del movimiento hippie, la limpieza de los residuos generados supuso cien mil dólares adicionales y en total la fiesta costó alrededor de diez millones de euros actuales. Tardaron once años en pagarlo o, lo que es lo mismo, devolver préstamos a distintos bancos. Hay que tener en cuenta que además tuvieron que reembolsar entre doce y dieciocho mil entradas de aquellos a los que les fue imposible asistir por el tapón en el tráfico. Sin embargo, Woodstock fue rentable gracias al éxito del documental de Wadleigh.


El segundo filme sobre Woodstock, Taking Woodstock (2009), trata cómo se organizó el evento.

No es la única película acerca de lo que aconteció. En 2009 y de la mano del director Ang Lee, la cinta 'Taking Woodstock', en la que se narra cómo fue la organización desde el punto de vista del escritor Elliot Tiber, vio la luz. Lee se basó en las memorias de Tiber. Es el testimonio de quien ayudó a crear un evento que ya ha pasado a la historia y no sólo por ser de manera espontánea el primer macrofestival -superando al que es considerado su antecesor: el Monterey Pop Festival- y escaparate del movimiento 'flower power' sino por ser, cumpliendo con la filosofía jipi, el más pacífico registrado al no haber tenido ni un incidente violento. Es más, la serie de conciertos que en 1999 tuvieron lugar para homenajear sus tres décadas fue muy polémica por misoginia, destrozos e incendios provocados, entre otros altercados.


Único e irrepetible

Hubo más ediciones de Woodstock, aunque ninguna como la de 1969. Las posteriores réplicas coincidieron con los aniversarios número diez, veinte, veinticinco, treinta y cuarenta. Llaman la atención las versiones de 1989, apodada 'The Forgotten Woodstock' (El Woodstock olvidado), por su carácter espontáneo, que recuerda al del original, y por haber tenido lugar en el mismo emplazamiento que albergó el primer festival; y la de 1994 por el hecho de celebrarse en Saugerties, pueblo que en el sesenta y nueve rechazó acoger el escenario.


Artículo de la revista 'Rolling Stone' sobre el agresivo espíritu del Woodstock de 1999.

Describe el evento como tres días sin paz, sin amor y algo de música.


Nunca volvió a ser lo mismo. Tampoco el modo de vida hippie, que se vio desprestigiado tras los crímenes de 'La familia' de Mason en agosto de 1969 y el escándalo del Altamont Speedway Free Festival, que pretendía ser el 'Woodstock del Oeste' pero terminó siendo su némesis debido a sus sucesos violentos en diciembre de ese mismo año. Ese contraste con la inocencia vivida en el festival veraniego hicieron que los críticos denominasen al evento californiano "La muerte de la nación Woodstock", también entendido con el fin de la era hippie.


El espíritu jipi, sin embargo, no murió. Simplemente retornó a su estado underground: con el rechazo de gran parte de la población, muchas comunas desaparecieron al inicio de los setenta pero otras, como la californiana Hog Farm o la ecoaldea Lakabe en el pirineo navarro, perviven todavía hoy o se han transformado en otro tipo de comunidades neo-hippies -véase la Rainbow Family-. Las que sobrevivieron simplemente procuraron evitar publicitarse y, como se ve, todavía existen en distintos países.


La huella del movimiento hippie


El legado es patente, aun así, en toda la sociedad. El ecologismo, por ejemplo, echó raíces con la actitud ambientalista de los hippies, que promovieron el Día de la Tierra originado en los sesenta en un contexto universitario de la mano del profesor Morton Hilbert y sus estudiantes -es interesante que ahora también han sido los estudiantes, solo que de instituto, los que han devuelto el discurso ambientalista a la escena mediática con el #FridaysForFuture-. De igual manera, la estética, el pelo largo o los pantalones de campana, ha subsistido. Es más, no es algo solo propio de tiendas vintage, este 2019, con la excusa del cincuenta cumpleaños de Woodstock, varias marcas han han incluido en su colección diseños que hacen referencia a la moda hippy. En este caso, se trata de algo más superficial que poco tiene que ver con sus ideales pero que sin embargo los ilustra.


Tuit de la cuenta oficial de Woodstock: "En los 60, uno de cada veinte americanos reciclaba.

50 años después lo hace más de uno de cada tres". El movimiento verde es parte del

legado de los hippies.


No es la única conmemoración de estas cinco décadas. Para el 16, 17 y 18 de agosto de 2019 estaba prevista otra edición del festival que finalmente no sucederá. La noticia de la cancelación se hizo pública hace quince días después de meses de contratiempos y de que diversos músicos confirmados se echasen atrás debido a el cambio de ubicación a última hora. Con conciertos o sin ellos, el Woodstock del 69 se mantiene como irremplazable al haber ganado su lugar en la memoria histórica como el evento que confirmó el triunfo de la contracultura exponiendo su condición de fenómeno de masas.

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