Lista de azoteas invernales en Nueva York

December 23, 2019

Entre diciembre y marzo, las terrazas más emblemáticas de la Gran Manzana se transforma en salas de estar suspendidas desde donde admirar el paisaje de la jungla de asfalto.

 

Nueva York es, por excelencia, la ciudad de los rascacielos y, por tanto, de las vistas. Es por eso que una de las insignias de NYC son sus azoteas, que adquieren gran protagonismo en las épocas del año templadas o cálidas, pero a las que no hay que dejar de prestar atención cuando el termómetro desciende: son revestidas para convertirse en lugares acogedores cual cabaña entre montañas o iglú bajo auroras boreales, solo que en este caso las cumbres son una colosal arquitectura y las luces del norte los destellos que emanan dichas construcciones. 

 

Estos miradores suponen una escapada urbana: son rincones en los que desconectar, puesto que están lo bastante elevados como para descansar del ruido de la ciudad. Entre los neoyorquinos, hay quien decide refugiarse en ellos a modo de afterwork, marcando una tregua a las tareas y responsabilidades que esperan en sus oficinas varios metros más abajo. También son cobijos ideales para encuentros con amigos; y románticos balcones, al abrigo de los centelleantes bloques de edificios que los rodean, en los que disfrutar de una cita.

 

El 230 Fith Rooftop, un clásico en cualquier época del año, que cambia de apariencia en invierno:

casetas transparentes rodean varias de sus mesas a modo invernaderos urbanos o iglúes metropolitanos.

 

En cuanto al turista, desde luego es una parada obligatoria, porque hallará un resguardo de agradable temperatura donde reposar y observar NY desde el nivel de sus rascacielos, su mejor y más característico ángulo. Claramente, son salones pensados tanto para locales como visitantes y las opciones respecto a su uso son tan variadas como el número de terrazas elevadas. He aquí ocho propuestas.

 

1. 230 Fith Rooftop Bar

 

También denominada -por mí- 'La azotea de Nueva York'. ¿Por qué? Porque es un emblema más de la ciudad, tan imprescindible -y mainstream- como Times Square, el Flatiron o el High Line. Quien busque 'qué hacer en NYC', pregunte a un residente -o viajero, ya que seguro que la han pisado- o incluso consulte una guía se topará con ella. Sin embargo, no es un lugar del que se oiga mucho si no se tiene pensado ir, aunque sea de vacaciones, a la Gran Manzana. No es como el Puente de Brooklyn u otros puntos que todo el mundo ha apreciado en alguna película o libro. Por lo que es uno de los sitios a los que llevar a las visitas y quedar súper bien. A no ser que tengáis hermanos como los míos, que creo que son la excepción a la regla. En mi fuero interno pienso que sí les impresionó, solo que demasiado. No es broma. Es un sitio abrumador para bien o para mal, la mayoría de las veces positivamente.

 

De hecho, la primera vez que crucé el umbral del ascensor y entré en la gran antesala repleta de elegantes sillones y ventanas con vistas sobrecogedoras, que conecta con la azotea, aluciné con el hecho de haber accedido allí sólo con enseñar mi DNI -esencial: en absolutamente todos los bares de Nueva York se solicita en la entrada un carné de identificación oficial que acredite que se es una persona mayor de 21 años-: completamente gratis y para nada exclusivo, a pesar de su imponente estética. 

 

Cápsulas del 230 Fith Rooftop Bar con las luces de la ciudad de fondo.

Fotografía del Instagram oficial del local.

 

Con esto no quiero decir que sea un espacio al que solamente ir en determinadas ocasiones. Como mencionaba, son locales para socializar y darse un respiro de las responsabilidades laborales, además de estar ideados como atracción turística. En mi caso, solía picotear algo más de una tarde y noche con amigos que, casualmente, también eran compañeros de trabajo. Aunque nunca lo hice en invierno. Figuraba en mi lista, pero el tiempo se me echó encima. Tampoco degusté el brunch de los fines de semana que muchos de mis conocidos me recomendaron. La próxima vez será. 

 

En fin, quien sí tenga la suerte de acudir en la estación más fría del año podrá admirar las cordilleras metropolitanas que conforman el cúmulo de rascacielos neoyorquinos desde las cálidas burbujas -las chozas translúcidas de la foto- construidas sobre este tejado de la Quinta Avenida. Se encuentra muy cerca de Madison Square Park. Es más, para mí, un plan perfecto es cenar o comer en el Shake Shack al aire libre del parque y después subir a tomar algo, o simplemente a curiosear, a la azotea.

 

2. Baita en La Birreria de Eataly (ahora llamado Serra Alpina)

 

Exceptuando el ya mencionado 230 Fith Rooftop Bar y el número seis (La Piscine del Hôtel Americano), éste es el único mirador de la lista en el que he estado, y lo visité en invierno. Al igual que la terraza anterior, esta azotea se sitúa en la Quinta Avenida. Concretamente, en el Flatiron Building, en la cima del mercado italiano del que forma parte: Eataly. Durante el año, la parte de arriba (el piso 14) de esta tienda gastronómica italo-americana es un bar/restaurante llamado La Birreria y en la estación de la Navidad cambia su decoración con el fin de adquirir la forma de una albergue de madera típico de las pistas de esquí alpinas. 

 

Baita es la única de las azoteas invernales a las que acudí. La madera y los asientos adirondack eran los

grandes protagonistas. Pedimos cerveza, pero como buen ristorante italiano en la oferta se incluye vino caliente.

 

De hecho, su diseño está inspirado en los Alpes italianos y es de ahí de donde adquiere el nombre en esos días: 'Baita' es un término utilizado en Italia y Francia para referirse a pequeñas viviendas de los Alpes centrales y occidentales. Aunque parece ser que tanto la denominación de esta terraza cubierta como la ornamentación de su interior han cambiado.

 

Mientras escribo estas líneas e investigo la web de Eataly, me he dado cuenta de que después de dos temporadas en NYC, Baita se encuentra actualmente en su establecimiento de Chicago y en la cúspide del comercio del Flatiron, durante el período invernal, colocan la taberna Serra Alpina: un invernadero -ése es el significado de 'Serra' en italiano- que sirve viandas de la Italia rural. Al parecer, Serra es una azotea que cambia su estética con las plantas y flores correspondientes a cada estación del año.

 

El nuevo diseño de la azotea invernal de Eataly Flatiron: Serra Alpina.

 

En la época navideña, como se hacía en Baita, se embellece el lugar, el cual está calentado por estufas y bajo un techo retráctil, con luces de cuerda; mantas de cuadros; pieles sintéticas de animales sobre mesas y sillas; y nieve artificial sobre ciertos elementos. 

 

3. The Lodge at Gallow Green 

 

Qué decir de este lugar... lo vi durante mucho tiempo en revistas, redes sociales, páginas web o blogs acerca de Nueva York. Estaba totalmente enamorada de él y figuraba muy arriba en mi lista de sitios que visitar. No obstante, nunca llegué a hacerlo. La dinámica de la rutina, esa vorágine del día a día que te engulle, es lo que tiene; y eso que no conocía su faceta invernal. En aquel entonces, lo que sabía de esta azotea es que era un bar repleto de plantas a modo de jardín elevado.

 

Parte exterior de la terraza ambientada con mantas, una fogata y sillones rodeados de parterres verticales.

El Edén en pleno Manhattan.

 

Sin embargo, a la hora de redactar esta entrada y acordarme de él, he descubierto que en invierno no sólo se reviste con mantas a cuadros y fogones para transformarse en un rincón al aire libre de lo más cozy, sino que guarda también un espacio para convertirse en un refugio al más puro estilo Walden: un trozo de la terraza está reservado para un cobertizo cuya entrada está resguardada por una serie de pinos. Una vez dentro, el visitante se topa con un salón, una cama, un escritorio lleno de cuadernos, notas y dibujos, un pasillo con suelo y paredes de madera y un comedor con alfombras antiguas y estanterías llenas de libros

 

The Lodge at Gallow Green es un retiro a las montañas sin salir de las calles de Manhattan, donde abandonar un rato su ajetreo; un regreso al siglo XIX de Thoreau, a tiempos analógicos en los que también era necesario desconectar huyendo de la ciudad en busca de un escondite aislado en los bosques. Efectivamente, posiblemente estemos frente al sitio más guay de Nueva York. Es broma, la verdad es que hay tantos lugares increíbles en esta ciudad... es lo que adoro de ella. Aunque, sin duda, éste es uno de ellos.

 

Interior de la choza invernal del jardín de Gallow Green.

 

No sólo por lo ya explicado -sí, hay más-, sino porque, en coherencia con su ambientación vintage, son habituales las fiestas temáticas de estilo retro -sobre todo inspiradas en la época noir-, los conciertos indies -obteniendo un gran protagonismo el jazz- y los shows burlesque. Puede que sí que sea el punto más alucinante de la urbe... la causa radica en parte a que The Lodge at Gallow Green se encuentra en lo alto del hotel McKittrick, que data de 1939.

 

Su historia es tan interesante como su actividad: concebido como la pensión más lujosa de su tiempo, seis semanas después de su inauguración, y dos días después de estallar la Segunda Guerra Mundial, cerró permanentemente al público. Hasta hoy. Como cuentan en su web, la compañía de teatro Emursive "ha devuelto a la vida la Gran Dama" y, en colaboración con la galardonada productora londinense Punchdrunk, han re-inventado este espacio legendario con la obra 'Sleep no more', que representa la clásica tragedia escocesa de Shakespeare a través de la lente del cine negro. Una experiencia teatral en las alturas de la Gran Manzana.

 

4. Magic Hour

 

Dejando de lado las vistas al Empire State y al corazón de Manhattan debido a su situación, en plena avenida de la moda -véase Fashion Avenue-, esta azotea, que pertenece al Grupo TAO y que corona el hotel Maxy Times Square, es un pequeño parque de atracciones para adultos: hay una barra de carrusel, asientos giratorios, un jardín de arte topiario, un minigolf decorado con estatuas de animales (warning: NSFW), malabaristas y algodón de azúcar.

 

 He aquí el vídeo de presentación de la temporada de invierno.

 

Incluso hay un evento llamado 'Sunday Bubbles', que aparece en la pieza audiovisual previa, en el que las pompas de jabón flotan en el ambiente acompañando a la música en directo. Al contrario que las dos propuestas anteriores, no se trata de un restaurante. Es un bar de cócteles, que siguiendo su carácter pícaro las bebidas tienen apelativos juguetones, donde también se ofrecen aperitivos o platos pequeños como tacos. 

 

5. Refinery Rooftop Bar

 

En la punta del hotel homónimo, el bar Refinery Rooftop es otro mirador en el que hibernar en midtown y con el Empire, literalmente, encima: su tejado de cristal conecta con la barra y deja ver este gran rascacielos al que King Kong no se pudo resistir. No es lo único destacable en su arquitectura: la fusión de materiales como la madera, el metal y las paredes de ladrillos a la vista junto con la acogedora chimenea hacen de este balcón otro cobijo de lo más encantador del que disfrutar en los meses fríos.

 

Barra del Refinery Rooftop Bar en la temporada invernal. 

 

Como bar de copas, en invierno el cóctel estrella es el 'Winter Wonderland'. No obstante, de igual manera se trata de un comedor donde tomar el brunch, comer o cenar. Me gustaría subrayar, además, que no sirve bebidas con pajita a no ser que el consumidor lo solicite, en un esfuerzo por reducir el plástico y evitar el impacto ambiental.

 

6. Conôsur Parrilla & Fondue (Hôtel Americano)

 

La Piscine, el bar elevado del Hôtel Americano en Chelsea, es otro clásico entre quienes andan en la búsqueda de azoteas. Se nombra en blogs, revistas sobre lugares que visitar en NYC y, por supuesto, aparece en redes sociales: tal y como ocurre con Le Bain -hablaré de este local próximamente-, la piscina en mitad de la coctelería lo hace de lo más 'instagrameable'.

 

Éste es el otro, y último, lugar de esta lista que he visitado. Solo que lo hice en verano y en aquellos momentos no se me ocurrió sacar una foto con la que 'posturear'. A pesar de lo que pueda parecer viendo fotos de este espacio, la experiencia no fue tan increíble: estuve tomando una copa en la tarde de un sábado, era un recinto pequeño en el que no había casi nadie, la piscina estaba vacía de gente y la verdad es que tampoco invitaba a darse un chapuzón. No sé, al menos a mí se me hacía un poco raro bañarme en ese contexto.

 

 

 Interior de la azotea Conôsur Parrilla & Fondue con vistas al Empire y el Chrysler.

 

De todos modos, desde noviembre, La Piscine se transforma en un paraíso invernal y lo cierto es que, una vez más reparando en las imágenes, aparenta ser un emplazamiento idílico. Deja de estar al aire libre y adopta una apariencia íntima y agradable a la luz de las velas.

 

Las lámparas de calor caldean la estancia y las sillas cubiertas de piel de oveja provocan que los clientes se sientan de lo más acomodados saboreando los fondues, los asados y los platos de inspiración argentina que otorgan el nombre a este balcón: Conôsur Parrilla & Fondue.

 

Parte de la piscina, que pasa a ser cubierta en invierno, de la azotea del Hôtel Americano.

 

La piscina no se cierra y se utiliza, por un lado, como el hall previo a la cena en el que ingerir un combinado. Por otro, como un spa, al calentar sus aguas a 35Cº, del que pueden disfrutar también los no huéspedes del hotel a partir de las seis de la tarde.

 

7. Haven Rooftop

 

En la cumbre del Sanctuary Hotel, erigido en el distrito teatral de Manhattan en pleno Times Square, descansa esta sala de estar y restorán donde picar algo, echar un trago o directamente tomar el brunch o cenar.

 

Haven Rooftop durante el día. 

 

Del mismo modo que la mayoría de las opciones de esta lista, entre los adornos hibernales que decoran la estancia se encuentran pieles sintéticas de animal -y cuernos artificiales a modo de lámpara-, luces y árboles navideños, madera para dar un aspecto de posada montañosa y cojines que aportan una apariencia más cómoda al espacio. 

 

Existe la posibilidad de celebrar eventos privados de tipo empresarial, un cóctel informal o celebraciones 'salvajes' -así lo describen en su página- de cumpleaños. Seguramente no será el único local de todos los aquí citados que ofrezca la opción de organizar guateques, pero lo menciono porque me ha llamado la atención que, independientemente del tipo de velada al que se asista, incluso si se acude a simplemente consumir algo, hay código de vestimenta. En su web especifican que abogan por un estilo 'informal de negocios' en el que no se permiten mochilas y otras bolsas grandes; conjuntos de gimnasio (chándal, camisetas de entrenamiento, pantalones de yoga o sudaderas con capucha); sombreros (gorras, pañuelos, viseras o durags); ropa de playa o vestimenta de piscina (chanclas, sandalias para hombres, camisetas sin mangas, etc.); jeans holgados; y pantalones cortos jeans.

 

 Vista nocturna del interior de Haven Rooftop.

 

Al margen de estas restricciones, dadas sus impresionantes vistas y su precioso diseño, yo me animaría a realizar una visita tanto de día como de noche. Aunque, de tener que elegir, posiblemente lo haría a la hora del anochecer o tras éste, a fin de apreciar la terraza iluminada por Times Sq. y el resto de edificios del centro neoyorquino, sin olvidar el hecho de estar bajo las estrellas.

 

8. Pod 39 Rooftop

 

Por último, he decidido incluir la azotea situada en el pico del hotel Pod 39, en Murray Hill (Manhattan, Downtown). No es una terraza que cambie de imagen o se adapte a la época gélida. Es más, es un balcón totalmente descubierto rodeado, a modo de ventanales, de arcos enladrillados y columnas corintias de terracota roja revestidas con hiedras que crecen a lo largo de diecinueve pisos. Lo he añadido porque es otro emplazamiento al que siempre quise ir y porque me acabo de dar cuenta, al observar fotos, de que en la temporada hibernal genera un ambiente todavía más romántico.

 

Estampa invernal del Pod 39 Rooftop.

 

Con vistas al Empire y el Chrysler, fue testigo en su día de cómo estos dos edificios se erigían como los más altos del mundo, ya que se construyó entre 1916 y 1919, cuando su azotea era un jardín elevado reservado para el uso exclusivo de los hombres jóvenes y solteros que se hospedaban en los pisos inferiores. A modo de club privado, pertenecía a The Allerton House, el dueño de otros complejos como la fonda femenina de la calle 57 -actualmente llamado Renaissance New York Hotel 57-. Es curioso que en 1956, sin embargo, el bloque cambió de género al servir, bajo el nombre Memorial Diez Eyck-Troughton como residencia del Ejército de Salvación únicamente para mujeres.

 

Hoy es parte del mencionado Hotel Pod, ostenta el título de lugar emblemático otorgado por el Gobierno de NYC y está abierto a todo el mundo durante 365 días, reuniendo a hombres y mujeres en su salón y manteniendo la misma estética todo el año: bombillas colgantes que cruzan la galería, una barra de bar y sillas y mesas decoradas con tejas mexicanas que crean la sensación de plaza bajo un cielo al raso, a veces estrellado, que no se interpone si el tiempo decide envolver todo con un manto blanco.

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