Vistazo virtual a la 'New York Earth Room', un terreno enclaustrado en Manhattan

April 21, 2020

En NY, un pedazo terrestre también permanece en cuarentena, solo que desde los años 70. Es una instalación artística, obra de Walter de Maria, que merece recordar en el Día de la Tierra 2020.

 

Con el 22 de abril llega el cincuenta aniversario del Earth Day, que rememora la importancia de cuidar de nuestro hogar: el planeta Tierra. Suena irónico apelar al mundo, casi siempre asociado al exterior, la calle, la naturaleza..., como nuestra morada ahora que a causa del COVID19 todos nos encontramos 'atrapados' en casa. Sin embargo, ésa es la realidad. Los domicilios son construcciones artificiales, no por ello menos necesarios, que se sustentan sobre un pavimento natural. Sin olvidar que el ser humano se ha cobijado en recovecos terrestres como cuevas desde el comienzo de su historia. En la parte baja de Manhattan, existe una pieza de Land Art fruto del autor Walter de Maria (1935 - 2013), que data de 1977 y juega precisamente con lo mencionado: la construcción humana y la superficie planetaria. Se titula 'New York Earth Room', ya que eso es lo que uno encuentra: un pedazo de tierra en una habitación, que desde luego vale la pena visitar. No obstante, dadas las circunstancias actuales, por ahora habrá que conformarse con hacerlo mediante este post.

 

Quien todavía no haya logrado dibujar en su mente la idea de este espacio -es comprensible, cuando visité esta sala, me acompañaron dos amigas que a pesar de contarles de qué se trataba, alucinaron al observarla y fui objeto de sus burlas durante todo el día, aunque he de admitir que reíamos juntas-,  consiste en una escultura de interior instalada en un loft del SoHo. Concretamente, en el segundo piso del número 141 de Wooster Street. De hecho, la primera 'sorpresa' es que la puerta de acceso al edificio es un portal a un bloque de viviendas normal. Un timbre señala que es el lugar indicado, de modo que el visitante que espere entrar en un museo ordinario verá sus expectativas mermadas. Casi se asemeja a un secreto guardado en la Gran Manzana por más de cuarenta años. Es otro detalle más dentro de lo especial que es este rincón neoyorquino. 

 

Vista que obtiene el turista de la instalación en un primer momento, antes de asomarse desde la vidriera que aparece en la foto.

Imagen de la Dia Art Foundation.

 

Lo siguiente que encontrará son unas escaleras estrechas que suben a 'La Tierra', como el astronauta que descubre un nuevo planeta. Realmente, el surrealismo del sitio hace que parezca otro mundo, tanto que muchos reaccionan como mis acompañantes. Me incluyo, el 'shock' induce a la risa. No todos los días se aprecia un cuarto repleto de 'suciedad'. Despierta interés, he sabido que han llegado a ser más de cien los curiosos que se han acercado a la obra en un día cualquiera. Además, el que no conlleve gasto alguno, su localización en uno de los barrios más turísticos de NYC y que el deleite requiera alrededor de diez minutos (abre de miércoles a domingo, en horario de 12-6pm, cerrando entre las 3.00pm y 3.30pm y los días de Acción de Gracias, Nochebuena, Navidad, Nochevieja y Año nuevo), añaden más alicientes para darse un paseo por este emplazamiento. Sin olvidar, como se ha dicho, que propone un plan asombroso y divertido.

 

El cuarto de la memoria

 

No obstante, conviene no quedarse sólo con la apariencia -la cual también merece un análisis que más adelante se realizará- y menospreciar el concepto, puesto que evoca un planteamiento profundo acerca de la simplicidad de lo natural recogida en un apartamento que podría ser de lujo dada la zona en la que se encuentra. El suelo del SoHo neoyorquino es uno de los más caros de la urbe. Atrás quedaron los tiempos en los que el barrio acogía artistas y demás bohemios que vivían con cuatro duros. Se gentrificó para pasar a ser morada de yuppies y el centro comercial de la ciudad. Es una tierra de tiendas, boutiques... ahora cubierta por asfalto y en la que nadie imaginaría que se esconde una isla tranquila y minimalista, aislada del ruido y el ajetreo, que custodia una pureza perdida. Es una vuelta a los orígenes: terrestres -además hay que mencionar que se creó en en la misma década que el Earth Day, en tiempos en los que la conciencia medioambiental adquiría fuerza-; y del foco artístico que un día fue el vecindario.

 

Eso sí, ese significado no podría deducirse si no fuese por la forma de esta pieza de arte contemporáneo, que supone una experiencia sensorial única. De Maria la concibió para la contemplación, no se puede tocar ni ingresar en ella. Una barrera de metacrilato marca la distancia al visitante, quien desde ahí vislumbrará el contraste de colores entre la oscuridad de la tierra y la claridad de las paredes y columnas que emergen del mismo abono. En algún momento del día el sol también se pasea por la sala, ya que la estancia cuenta con ventanas apreciables desde la vidriera. No tuve la oportunidad de disfrutar de ese cambio de luz, pero sí del impacto que produce la obra, el cual calificaría incluso de catársis a causa de esa aparición de ideas y reflexiones ya citadas. En ese loft, los pensamientos florecen cual planta en un solar.

 

El colectivo de arte callejero Toyshop hace de las suyas en 2004. El vídeo muestra cómo es la habitación, el apartamento,

el rellano y las escaleras. Entiendo que obtuvieron permiso para hacer lo que se ve, ya que no se les echa el alto, simplemente

se les comunica que el tiempo ha pasado. En circunstancias normales, no está permitido ni tocar la obra ni fotografiarla. Es más,

atribuyen la propiedad de las imágenes a Dia Art Foundation.

 

Es más, otro elemento perceptible es la humedad, que hace mella visual en la arquitectura y se extiende por el ambiente acentuando la fragancia campestre. Es un olor a terreno fresco -que rememora a la primavera, cuando las flores están en su gran apogeo- resultante de una labor que ha sido oficiada durante más de treinta años por Bill Dilworth. Él riega y ara este campo de interior asegurando que nada florezca, pero se mantenga vivo, porque la parte mágica de esta habitación es que  posee el potencial de crear vida, de que crezcan seres herbáceos, belleza botánica; y todo gracias a la propiedad fecunda de la tierra. Podría calificarse como un útero en el corazón de Nueva York, propiedad de la tercera hija del artista.

 

Walter De Maria dio a luz a tres Earth Room: primeramente en Múnich (1968), después en Hessisches Landesmuseum (Alemania, 1974) y finalmente en NYC, que es la única que perdura. En un principio, la versión americana se colocó en la galería Heiner Friedich formando parte de una exhibición de tres meses, tras lo cual se movió a su actual ubicación como una exposición permanente a manos de la Dia Art Foundation. Asimismo, esta institución ostenta la propiedad de las imágenes de la obra, puesto que, a petición del artista, no está permitido realizar fotografías. El visitante se llevará como souvenir solamente sus recuerdos, la estampa y sensaciones de un espacio que vela por el mantenimiento de una memoria que, al igual que el Earth Day, alude a algo se suele obviar y sin embargo podría ser efímero cual pieza de arte: la Tierra.

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