• Ainhoa E.S.

Lista de azoteas invernales en Nueva York

Actualización 2020: la crisis sanitaria y social del COVID-19 ha conllevado una serie de restricciones como el cierre de comercios y restaurantes. Es muy importante conocer dichas limitaciones, riesgos y recomendaciones, de la mano de fuentes oficiales, así como siempre primar el cuidado personal y colectivo. Pueden consultar la situación en NYC a través de la web municipal dedicada a ello junto con lo establecido por el Departamento de Salud del Estado neoyorquino. También es recomendable acudir a la propias vías de comunicación de cada establecimiento, teniendo en cuenta además posibles actualizaciones y, de ser necesario, consultar directamente al propio centro.


Entre diciembre y marzo, las terrazas más emblemáticas de la Gran Manzana se transforma en salas de estar suspendidas desde donde admirar el paisaje de la jungla de asfalto.


Nueva York es, por excelencia, la ciudad de los rascacielos y, por tanto, de las vistas. Es por eso que una de las insignias de NYC son sus azoteas, que adquieren gran protagonismo en las épocas del año templadas o cálidas, pero a las que no hay que dejar de prestar atención cuando el termómetro desciende: son revestidas para convertirse en lugares acogedores cual cabaña entre montañas o iglú bajo auroras boreales, solo que en este caso las cumbres son una colosal arquitectura y las luces del norte los destellos que emanan dichas construcciones.


Estos miradores suponen una escapada urbana: son rincones en los que desconectar, puesto que están lo bastante elevados como para descansar del ruido de la ciudad. Entre los neoyorquinos, hay quien decide refugiarse en ellos a modo de afterwork, marcando una tregua a las tareas y responsabilidades que esperan en sus oficinas varios metros más abajo. También son cobijos ideales para encuentros con amigos; y románticos balcones, al abrigo de los centelleantes bloques de edificios que los rodean, en los que disfrutar de una cita.


El 230 Fith Rooftop, un clásico en cualquier época del año, que cambia de apariencia en invierno:

casetas transparentes rodean varias de sus mesas a modo invernaderos urbanos o iglúes metropolitanos.


En cuanto al turista, desde luego es una parada obligatoria, porque hallará un resguardo de agradable temperatura donde reposar y observar NY desde el nivel de sus rascacielos, su mejor y más característico ángulo. Claramente, son salones pensados tanto para locales como visitantes y las opciones respecto a su uso son tan variadas como el número de terrazas elevadas. He aquí ocho propuestas.


1. 230 Fith Rooftop Bar


También denominada -por mí- 'La azotea de Nueva York'. ¿Por qué? Porque es un emblema más de la ciudad, tan imprescindible -y mainstream- como Times Square, el Flatiron o el High Line. Quien busque 'qué hacer en NYC', pregunte a un residente -o viajero, ya que seguro que la han pisado- o incluso consulte una guía se topará con ella. Sin embargo, no es un lugar del que se oiga mucho si no se tiene pensado ir, aunque sea de vacaciones, a la Gran Manzana. No es como el Puente de Brooklyn u otros puntos que todo el mundo ha apreciado en alguna película o libro. Por lo que es uno de los sitios a los que llevar a las visitas y quedar súper bien. A no ser que tengáis hermanos como los míos, que creo que son la excepción a la regla. En mi fuero interno pienso que sí les impresionó, solo que demasiado. No es broma. Es un sitio abrumador para bien o para mal, la mayoría de las veces positivamente.


De hecho, la primera vez que crucé el umbral del ascensor y entré en la gran antesala repleta de elegantes sillones y ventanas con vistas sobrecogedoras, que conecta con la azotea, aluciné con el hecho de haber accedido allí sólo con enseñar mi DNI -esencial: en absolutamente todos los bares de Nueva York se solicita en la entrada un carné de identificación oficial que acredite que se es una persona mayor de 21 años-: completamente gratis y para nada exclusivo, a pesar de su imponente estética.



Cápsulas del 230 Fith Rooftop Bar con las luces de la ciudad de fondo.

Fotografía del Instagram oficial del local.


Con esto no quiero decir que sea un espacio al que solamente ir en determinadas ocasiones. Como mencionaba, son locales para socializar y darse un respiro de las responsabilidades laborales, además de estar ideados como atracción turística. En mi caso, solía picotear algo más de una tarde y noche con amigos que, casualmente, también eran compañeros de trabajo. Aunque nunca lo hice en invierno. Figuraba en mi lista, pero el tiempo se me echó encima. Tampoco degusté el brunch de los fines de semana que muchos de mis conocidos me recomendaron. La próxima vez será.


En fin, quien sí tenga la suerte de acudir en la estación más fría del año podrá admirar las cordilleras metropolitanas que conforman el cúmulo de rascacielos neoyorquinos desde las cálidas burbujas -las chozas translúcidas de la foto- construidas sobre este tejado de la Quinta Avenida. Se encuentra muy cerca de Madison Square Park. Es más, para mí, un plan perfecto es cenar o comer en el Shake Shack al aire libre del parque y después subir a tomar algo, o simplemente a curiosear, a la azotea.


2. Baita en La Birreria de Eataly (ahora llamado Serra Alpina)


Exceptuando el ya mencionado 230 Fith Rooftop Bar y el número seis (La Piscine del Hôtel Americano), éste es el único mirador de la lista en el que he estado, y lo visité en invierno. Al igual que la terraza anterior, esta azotea se sitúa en la Quinta Avenida. Concretamente, en el Flatiron Building, en la cima del mercado italiano del que forma parte: Eataly. Durante el año, la parte de arriba (el piso 14) de esta tienda gastronómica italo-americana es un bar/restaurante llamado La Birreria y en la estación de la Navidad cambia su decoración con el fin de adquirir la forma de una albergue de madera típico de las pistas de esquí alpinas.



Baita es la única de las azoteas invernales a las que acudí. La madera y los asientos adirondack eran los

grandes protagonistas. Pedimos cerveza, pero como buen ristorante italiano en la oferta se incluye vino caliente.


De hecho, su diseño está inspirado en los Alpes italianos y es de ahí de donde adquiere el nombre en esos días: 'Baita' es un término utilizado en Italia y Francia para referirse a pequeñas viviendas de los Alpes centrales y occidentales. Aunque parece ser que tanto la denominación de esta terraza cubierta como la ornamentación de su interior han cambiado.


Mientras escribo estas líneas e investigo la web de Eataly, me he dado cuenta de que después de dos temporadas en NYC, Baita se encuentra actualmente en su establecimiento de Chicago y en la cúspide del comercio del Flatiron, durante el período invernal, colocan la taberna Serra Alpina: un invernadero -ése es el significado de 'Serra' en italiano- que sirve viandas de la Italia rural. Al parecer, Serra es una azotea que cambia su estética con las plantas y flores correspondientes a cada estación del año.



El nuevo diseño de la azotea invernal de Eataly Flatiron: Serra Alpina.

En la época navideña, como se hacía en Baita, se embellece el lugar, el cual está calentado por estufas y bajo un techo retráctil, con luces de cuerda; mantas de cuadros; pieles sintéticas de animales sobre mesas y sillas; y nieve artificial sobre ciertos elementos.


3. The Lodge at Gallow Green


Qué decir de este lugar... lo vi durante mucho tiempo en revistas, redes sociales, páginas web o blogs acerca de Nueva York. Estaba totalmente enamorada de él y figuraba muy arriba en mi lista de sitios que visitar. No obstante, nunca llegué a hacerlo. La dinámica de la rutina, esa vorágine del día a día que te engulle, es lo que tiene; y eso que no conocía su faceta invernal. En aquel entonces, lo que sabía de esta azotea es que era un bar repleto de plantas a modo de jardín elevado.



Parte exterior de la terraza ambientada con mantas, una fogata y sillones rodeados de parterres verticales.

El Edén en pleno Manhattan.

Sin embargo, a la hora de redactar esta entrada y acordarme de él, he descubierto que en invierno no sólo se reviste con mantas a cuadros y fogones para transformarse en un rincón al aire libre de lo más cozy, sino que guarda también un espacio para convertirse en un refugio al más puro estilo Walden: un trozo de la terraza está reservado para un cobertizo cuya entrada está resguardada por una serie de pinos. Una vez dentro, el visitante se topa con un salón, una cama, un escritorio lleno de cuadernos, notas y dibujos, un pasillo con suelo y paredes de madera y un comedor con alfombras antiguas y estanterías llenas de libros.


The Lodge at Gallow Green es un retiro a las montañas sin salir de las calles de Manhattan, donde abandonar un rato su ajetreo; un regreso al siglo XIX de Thoreau, a tiempos analógicos en los que también era necesario desconectar huyendo de la ciudad en busca de un escondite aislado en los bosques. Efectivamente, posiblemente estemos frente al sitio más guay de Nueva York. Es broma, la verdad es que hay tantos lugares increíbles en esta ciudad... es lo que adoro de ella. Aunque, sin duda, éste es uno de ellos.



Interior de la choza invernal del jardín de Gallow Green.

No sólo por lo ya explicado -sí, hay más-, sino porque, en coherencia con su ambientación vintage, son habituales las fiestas temáticas de estilo retro -sobre todo inspiradas en la época noir-, los conciertos indies -obteniendo un gran protagonismo el jazz- y los shows burlesque. Puede que sí que sea el punto más alucinante de la urbe... la causa radica en parte a que The Lodge at Gallow Green se encuentra en lo alto del hotel McKittrick, que data de 1939.


Su historia es tan interesante como su actividad: concebido como la pensión más lujosa de su tiempo, seis semanas después de su inauguración, y dos días después de estallar la Segunda Guerra Mundial, cerró permanentemente al público. Hasta hoy. Como cuentan en su web</