• Ainhoa E.S.

'Wheatfields' (1982), de cuando crecía el trigo en Manhattan

En el Día de la Tierra, conviene rememorar la obra de arte de Agnes Denes que fusionó el mundo rural y el urbano con la cosecha de 1.5 acres de cebada en la parte baja de la isla metropolitana.


El 22 de abril ha llegado y con él la celebración del Día de la Tierra, una jornada nacida en 1970 -aunque tuvo como antecedente un simposio sobre Ecología Humana en 1968- en un contexto universitario y, actualmente, dedicada internacionalmente a concienciar a la sociedad sobre los problemas ambientales que enfrenta la Tierra, el impacto de nuestras acciones en la naturaleza y la importancia de la conservación de la biodiversidad, ya que todo, también la especie humana, forma parte del mismo ecosistema. Existe una relación de interdependencia que afecta y une a todo el globo. Incluso entre entornos que podrían calificarse opuestos, ese lazo e influencia se sigue manteniendo. Basta con reparar en que las decisiones comerciales en una sede financiera urbanita puede trastocar el negocio o la actividad del jornalero en un terreno agreste. Por no hablar de cómo la vida en la ciudad, la contaminación generada, puede alterar el resto de hábitats. No es la única conexión, hubo una ocasión, entre mayo y agosto de 1982, en el que un proyecto artístico, liderado por la creativa húngara Agnes Denes, mezcló estos dos ambientes aparentemente contrarios pero conectados entre sí con la plantación de 1.5 acres de cereal en la parte baja de Manhattan, convirtiendo el downtown del borough más famoso de la Gran Manzana en un granero propio de una escena campesina.


Terrenos sembrados junto al Distrito financiero de Manhattan. Exhibición -y fotografías- de Agnes Denes encargada por el Public Art Fund como parte llamada del programa 'The Urban Environmental Site Program',

cuyo fin es atraer interés a las áreas abandonadas o vacías de la costa de NYC.

El lugar elegido para esta instalación pública de arte fue Battery Park, hoy una zona verde municipal muy conocida, especialmente por sus vistas a la Estatua de la Libertad. Es más, esta perspectiva contribuye al objetivo de la pieza artística, cuyo nombre 'Wheatfield: A Confrontation' (Campo de trigo: una confrontación), también expresa el fin que buscaba -y logró- la artista: el choque visual resultante de la combinación de dos imágenes a priori antagónicas. Nada más y nada menos que la estampa de una serie de prados de cebada bucólicos con su característico dorado natural entremezclándose con el brillo metálico de los rascacielos del centro económico más importante del mundo, el Distrito Financiero de Manhattan. De hecho, de entre los bloques sobresalían las desaparecidas Torres Gemelas, el gran símbolo mercantil de la urbe y el mundo, que en estas fotografías parecen 'rascacielos de pueblo' que emergen de una pradera.


Es irónico. La muchas veces bautizada como 'Jungla de asfalto', Nueva York, vio cómo parte de su suelo pavimentado fue sustituido por tierra que incluía raíces y cultivo. Fue un retorno a los orígenes, a la época previa a la urbanización, cuando Manhattan -de la palabra Manna-hata, que significa "isla de muchas colinas" en la lengua de los lenape, los nativos americanos de la región- era virgen; y fue fruto, nunca mejor dicho, de un arduo trabajo: se utilizaron doscientos camiones repletos de tierra, se cavaron 285 surcos a mano que luego, también a mano, se fueron sembrando y se mantuvo durante cuatro meses estableciendo un sistema de riego, limpiando el trigo, desmalezando todo, fertilizando y rociando la labranza contra hongos. Se cosechó el 16 de agosto y produjo más de 450kg de cereal de excelente calidad. Como se ve, fue un proceso de obtención de un producto natural a través del esfuerzo, de la planificación y ejecución de un número de labores concretas. En otras palabras, paradójicamente, fue una construcción humana al igual que la arquitectura, a simple vista opuesta, que circundaba el prado.


A la izquierda se aprecia a un hombre trabajando la tierra de la huerta y a la derecha el fruto del esfuerzo.

Fotografías de Agnes Denes.

Asimismo, resultó sarcástico el hecho de plantar grano en terrenos valorados por 4,5 mil millones de dólares. No fue casualidad. Otro de los fines de la obra era exhibir la desigualdad, la injusticia, el desperdicio, la mala administración, el hambre en el mundo y la sostenibilidad. Fue un proyecto directamente relacionado con la responsabilidad del hombre en la ecología, las energías, los alimentos, el comercio, la economía... era una llamada a un re-ordenamiento de las prioridades, como bien se explica en el texto, escrito en 1982 y publicado en la web de Public Art Fund, que detalla el propósito de la instalación y que ha adquirido mayor relevancia a partir de los sucesos del 11S.


Siguiendo esta línea, las gramíneas recolectadas viajaron a veintiocho ciudades de toda la orbe como parte de una muestra denominada 'The International Art Show for the End of the World Hunger' (La Exposición internacional de arte para el fin del hambre en el mundo), de la mano del Museo de Arte de Minnesota (1987-1990) y las semillas fueron después plantadas alrededor del planeta.


El renacer (de la tierra): de vertedero a suelo fértil


Lo cierto es que todas estas ideas subyacientes son todavía más evidentes si se repara en que el solar escogido para la plantación se trataba de un vertedero (Battery Park City Landfill), la prueba más obvia del consumismo de esta sociedad, ya que muchos de los residuos depositados podrían haber sido dotados de una segunda vida mediante un correcto reciclaje.


Imagen de cuando Battery Park era un vertedero con vistas a la Estatua la Libertad.

El mismo basurero adquirió un nuevo uso tras una limpieza profunda, libre de residuos y rocas, que permitió su re-utilización y aprovechamiento como parcela de cultivo. Sólo hizo falta una adecuada gestión del lugar, que transformó la tierra 'muerta' -eso son al fin y al cabo los sumideros, sitios en los que los objetos van a 'morir'- en una superficie fértil, fructífera, donde la tierra revive. Una acción de recuperación del estado natural del suelo que, a su vez, supone hacer de otros puntos del planeta espacios más higiénicos, oxigenados, habitables...


Siempre se asocian las urbes con la contaminación, con el cúmulo de desechos, la abundancia, la rapidez -vinculado al 'usar y tirar'- y el entorno rural con lo natural y orgánico, lo tradicional, el arreglar las cosas frente a adquirir algo nuevo, es decir, la re-utilización -véase con el estiércol, porque no hay que confundir estercolero con vertedero, no tiene nada que ver a pesar de presentarlos muchas veces como sinónimos-, el tomar elementos de la tierra y luego devolverlos otra vez a ella; y 'Wheatfield: A Confrontation' lo puso en evidencia.


La pionera del Land Art


Fue otra pieza más en coherencia con la larga trayectoria artística de Denes. Nacida en Budapest en 1931, en la década de los cuarenta se mudó con su familia a Suecia tras sobrevivir a la ocupación Nazi. De adolescente volvió a cambiar de país de residencia, esta vez estableciéndose en los Estados Unidos. Según ha declarado la creativa, estos traslados en los que tuvo que aprender diferentes idiomas provocaron que se centrase en las artes visuales. Comenzó su carrera cursando estudios de pintura en las universidades neoyorquinas The New School y Columbia University. Más adelante, dejó de lado el dibujo y empezó a explorar otros medios, como la escultura o el arte de la escritura, puesto que ha publicado libros de géneros y temática diversa: desde poesía a escritos filosóficos. Es una artista conceptual, por lo que, para ella, las ideas priman sobre la forma o el modo de plasmarlas; y muchas de esas reflexiones, conceptos o mensajes han tenido que ver con la ecología, lo que la han llevado a crear instalaciones ambientales (Land Art) como la comentada en esta entrada del blog.


La artista, en su instalación artística: 'Wheatfields, a Confrontation' (1982).

Fotografías de Agnes Denes.

El Land Art, earthwork o Earth Art es una rama del arte contemporáneo en la que la obra y el entorno natural interactúan: el material procede de la naturaleza -viento, rocas, fuego, agua, arena, tierra...- o estos elementos intervienen en la pieza artística. El resultado suele ser una escultura, un diseño arquitectónico o paisajístico o una mezcla todos estos, cobrando gran importancia el espacio público, ya que tienden a ser instalaciones expuestas en exteriores (recomiendo echar un vistazo al trabajo del creador Saype, a través de su cuenta de instagram @Saype_artiste) y abiertas a ser modificadas por el ambiente. Algunas creaciones incluso han llegado a ser destruidas, quedando únicamente fotografías o vídeos sobre ellas.


Denes ha experimentado con este tipo de arte de forma internacional. En 1968, plantó semillas de arroz en un campo en el condado de Sullivan al norte del estado de NY, encadenó los árboles de alrededor y enterró cápsulas de tiempo con haikus en su interior. La obra se llamó 'Arroz/Árbol/Entierro' y es considerada la primera pieza artística con ánimo de crear conciencia ambiental. En palabras de la autora, "era un intento de comunicación con la tierra y el futuro". Nueve años después, se recreó en Artpark, a 45 metros sobre el lugar en el que se formaron las Cataratas del Niágara. La superficie en la que trabajó era un vertedero industrial que dañaba la salubridad del arroz. Un año después, encadenó los árboles del bosque en representación de cómo la intromisión afecta en el crecimiento y en 1979 sepultó haikus que saldrán a la luz en el siglo XXI junto a respuestas filmadas de universitarios respondiendo a preguntas acerca de la naturaleza de la humanidad. Denes también filmó las Cataratas del Niágara para "agregar fuerza natural como el cuarto elemento y fusionar los otros tres [el arroz, el árbol y el entierro]". Los relatos de la artista sobre sus experiencias trabajando en la obra se exponen en Artpark.


Agnes Denes, la artista, documentando la obra 'Wheatfields, a Confrontation' (1982).


En 1996, por otro lado, gestó el primer bosque virgen artificial de la historia en Ylöjärvi, Finlandia, el cual está protegido de forma legal durante los siguientes 400 años. Se llamó 'Tree Mountain-a living-time capsule'. Así mismo, dos años después, dio el salto a Oceanía con la pieza 'A Forest for Australia' para la reforestación del país más grande del continente y hacer frente de esta manera a su desertificación además de plantar árboles en peligro de extinción. Por mencionar una última pieza, en el 2000, diseñó el proyecto 'Nieuwe Hollandse Waterlinie Master Plan' en Holanda, un plan de veinticinco años con el objetivo de unir un número de fortalezas de los siglos XVI al XIX a lo largo de 100km teniendo en cuenta la preservación histórica, el paisajismo, la gestión del agua por riesgo a inundaciones, la planificación urbana y el turismo.


El trabajo realizado en Manhattan también fue descrito por Denes como una intrusión en "la Ciudadela", es decir, la urbe neoyorquina. La autora hablaba de una confrontación de la Alta Civilización, pero al mismo tiempo de un pequeño paraíso que ella compara con Shangri-La: "Representa la infancia, una calurosa tarde de verano en el país, paz. Valores olvidados, placeres simples". Regocijos que, al igual que la niñez o estos terrenos dorados, desaparecen. Aun así, es patente que es posible recuperarlos: bien a través del arte o bien mediante el esfuerzo y una adecuada gestión de los recursos terrestres, porque es posible aprender de los errores y aún no es demasiado tarde para el planeta y sus futuros habitantes.